domingo, 25 de septiembre de 2011

DE NO MORIR

Por V.



De no morir en aquel fatidico accidente el Profeta Gonzalo Arango tendría ochenta años. Lo imagino cansado de debatir la inutilidad de todo cuanto existe, soñando quizá con sus musas, y recordando cada letanía que quiso escribir al igual que toda mujer que quiso amar. Me imagino que estaría desesperado, repitiéndose una y otra vez que el Nadaísmo aún sirve y que aún se puede rescatar algo del honor perdido por la humanidad. Estaría resignado a la soledad de su literatura, pues no lo imagino casado y soportando los apremios de la familia, del orden ó de la posteridad. Él adoraba la libertad del silencio, el viento, la velocidad de su pensamiento y el aroma del café trasnochado.

Respecto a si en algún momento hubiese tomado la decisión de suicidarse creo diría que solo falta estar vivo para pensar sobre aquello, acusaría a su obra de hacerle esclavo de la vida y a una mujer de provocar en su filosofía cambios dramáticos. A esa edad un Médico amigo le hubiese prohibido el cigarrillo, el café, el licor, trasnochar y hasta pensar demasiado. Aunque seguiría de plano escribiendo a máquina odiando con furía los inventos que hacen del tiempo un vicio y de la vida un caos. No me imagino al Profeta ni en la Política, ni en doctrina religiosa, quizá se hubiese retirado a una finca en Envigado lejos de tanta bruma y contaminación  a sembrar naranjas y a departir con un perro al que bautizaría con el nombre de algún escritor ruso.

Entonces con la convicción de que la vida sirve para envejecer y luego morir vería desde su nido el horizonte y frente a cualquier diálogo recordaría que "ya pa' qué" si su vida está lograda y entonces al igual que mi abuelo que lleva el mismo nombre del Profeta diría:  "esto ya acabó".